domingo, 30 de noviembre de 2008

El Kybalion - 8a Parte - El Todo en todo


CAPÍTULO VII

«EL TODO» EN TODO

«Mientras que todo está en EL TODO, es igualmente cierto que EL TODO está en todo. Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad le ha venido un gran conocimiento.»

El Kybalion.

¿Cuán a menudo ha escuchado repetida la mayoría de la gente la afirmación de que su Dios (llamada por muchos nombres) era «todo en todo», y cuán poco han sospechado la verdad oculta interna escondida por estas palabras descuidadamente pronunciadas? La expresión comúnmente usada es una supervivencia de la antigua máxima hermética acotada arriba. Como dice El Kybalion: «Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido un gran conocimiento.» Y siendo esto así, busquemos esta verdad, cuya comprensión tanto significa. En esta afirmación de la verdad -esta máxima hermética- está escondida una de las más grandes verdades: filosóficas, científicas y religiosas.

Os hemos dado la enseñanza hermética concerniente a la naturaleza mental del universo -la verdad de que «el universo es mental, sostenido en la mente del TODO»-. Como dice El Kybalion, en el pasaje arriba acotado: «Todo está en EL TODO.» Pero notad también la afirmación correlacionada de que: «Es igualmente cierto que EL TODO está en todo.» Esta afirmación aparentemente contradictoria es reconciliable bajo la ley de la paradoja. Es, más aún, una afirmación hermética exacta de las relaciones existentes entre EL TODO y su universo mental. Hemos visto cómo «todo está en EL TODO»; examinemos ahora el otro aspecto del asunto.

Las enseñanzas herméticas son que EL TODO es inmanente («permaneciendo dentro; inherente; residiendo dentro») en su universo, y en toda parte, partícula, unidad o combinación, dentro del universo. Esta afirmación es ilustrada usualmente por los instructores por una referencia al principio de correspondencia.

El instructor instruye al estudiante para que forme una imagen mental de algo, una persona, una idea; algo que tenga una forma mental, siendo el ejemplo favorito el del autor o dramaturgo que se forma una idea de sus caracteres; o un pintor o escultor que se forma una imagen de un ideal que desea expresar por su arte.

En cada caso, el estudiante encontrará que mientras que la imagen tiene su existencia, y ser, únicamente dentro de su propia mente, sin embargo él, el estudiante, autor, dramaturgo, pintor o escultor, es también, en un sentido, inmanente en, permanece dentro o reside dentro de la imagen mental. En otras palabras, la virtud entera, vida, espíritu de realidad en la imagen mental se deriva de la «mente inmanente» del pensador, Considerad esto por un momento, hasta que se capte la idea.

Para tomar un ejemplo moderno, digamos que Otelo, Yago, Hamlet, Lear, Ricardo II, existieron meramente en la mente de Shakespeare, en el tiempo de su concepción o creación. Y sin embargo, Shakespeare también existía dentro de cada uno de estos caracteres, dándoles su vitalidad, espíritu y acción. ¿De quién es el «espíritu» de los caracteres que conocemos como Micawber, Oliver Twist, Uriah Heep; es Dickens, o tiene cada uno de estos caracteres un espíritu personal, independiente de su creador? ¿Tienen la Venus de Medici, la Madonna Sixtina, el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad propios, o representan el poder espiritual y mental de sus creadores?

La ley de la paradoja explica que ambas proposiciones son ciertas, vistas desde los puntos de vista apropiados. Micawber es tanto Micawber como sin embargo Dickens. Y, de nuevo, mientras que puede decirse que Micawber es Dickens, sin embargo Dickens no es idéntico con Micawber. El hombre, como Micawber, puede exclamar: «El espíritu de mi creador es inherente dentro de mí, ¡y sin embargo yo no soy EL!». Cuán diferente esto de la conmocionante media-verdad tan vociferantemente anunciada por algunos de los medio-sabios, que llenan el aire con sus raucos gritos de: «¡Yo soy Dios!» Imaginad al pobre Micawber, o al vil Uriah Heep, gritando: «Soy Dickens», o a alguno de los ruines zoquetes en uno de los dramas de Shakespeare, anunciando grandilocuentemente que: «¡Soy Shakespeare!» EL TODO está en el gusano de tierra, y sin embargo el gusano de tierra está lejos de ser EL TODO. Y sin embargo permanece la maravilla de que aunque el gusano de tierra existe meramente como una cosa ruin, creada y teniendo su ser solamente dentro de la mente del TODO, sin embargo EL TODO es inmanente en el gusano de tierra, y en las partículas que constituyen el gusano de tierra. ¿Puede haber algún misterio mayor que éste de «todo en EL TODO, y EL TODO en todo»?

El estudiante entenderá, desde luego, que las ilustraciones dadas arriba son necesariamente imperfectas e inadecuadas, pues representan la creación de imágenes mentales en mentes finitas, mientras que el universo es una creación de la mente infinita, y la diferencia entre los dos polos les separa. Y sin embargo ésta es meramente una cuestión de grado -el mismo principio está en operación-; el principio de correspondencia se manifiesta en cada uno -«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba».

Y en el grado en que el hombre realice la existencia del espíritu interno inmanente dentro de su ser, así se elevará en la escala espiritual de la vida. Esto es lo que significa el Desarrollo Espiritual: el reconocimiento, la realización y la manifestación del espíritu dentro de nosotros. Tratad de recordar esta última definición, la del desarrollo espiritual. Contiene la verdad de la verdadera religión.

Hay muchos planos de ser, muchos subplanos de vida, muchos grados de existencia en el universo. Y todo depende del avance de los seres en la escala, de cuya escala el punto más bajo es la materia más grosera, estando el más elevado separado únicamente por la más fina división del ESPÍRITU de EL TODO. Y, hacia arriba y hacia adelante a lo largo de esta escala de la vida, todo se está moviendo. Todos están sobre el sendero, cuyo final es EL TODO. Todo progreso es un retomar al hogar. Todo va hacia arriba y hacia adelante, a pesar de todas las apariencias al parecer contradictorias. Tal es el mensaje de los iluminados.

Las enseñanzas herméticas concernientes al proceso de la creación mental del universo son las de que al comienzo del ciclo creativo EL TODO, en su aspecto de «ser», proyecta su voluntad hacia su aspecto de «devenir», y el proceso de creación comienza. Se enseña que el proceso consiste en el rebajamiento de la vibración hasta que se alcanza un grado bajísimo de energía vibratorio, en cuyo punto se manifiesta la forma de materia más grosera posible. Este proceso es llamado la etapa de involución, en el que EL TODO se «envuelve» o «arropa» en su creación.

Este proceso se cree por los hermetistas que tiene una correspondencia con el proceso mental de un artista, escritor o inventor, que se arropa de tal modo en su creación mental que casi olvida su propia existencia y el cual, por el tiempo dado, casi «vive en su creación». Si en vez de «arropado» usamos la palabra «arrebatado», quizá daremos una mejor idea de lo que se quiere dar a entender.

Esta etapa involuntaria de creación es llamada a veces la «efusión» de la energía divina, igual que el estado evolutivo es llamado la «absorción». El polo extremo del proceso creativo se considera que es el más apartado del TODO, mientras que el comienzo de la etapa evolutiva se considera como el comienzo de la oscilación de retomo del péndulo del ritmo -una idea de «volver al hogar» sostenida en todas las enseñanzas herméticas-.

Las enseñanzas son que durante la «efusión», las vibraciones se vuelven cada vez más bajas hasta que finalmente el impulso cesa y comienza la oscilación de retomo. Pero hay esta diferencia, que mientras que en la «efusión» las fuerzas creativas se manifiestan compactamente y como un conjunto, sin embargo desde el comienzo de la etapa evolutiva o de «absorción», se manifiesta la ley de individualización -esto es, la tendencia a separarse en unidades de fuerza-, de modo que finalmente aquello que abandonó al TODO como energía individualizada retorna a su fuente como incontables unidades de vida altamente desarrolladas, habiéndose elevado cada vez más alto en la escala por medio de la evolución física, mental y espiritual.

Los antiguos hermetistas usan la palabra «meditación» al describir el proceso de la creación mental del universo en la mente del TODO, siendo empleada también frecuentemente la palabra «contemplación». Pero la idea pretendida parece ser la del empleo de la atención divina. «Atención» es una palabra derivada de una raíz latina, que significa «extenderse, estirarse», y así el acto de atención es realmente una «extensión» mental de energía mental, de modo que la idea subyacente es atendida fácilmente cuando examinamos el significado real de la «atención».

Las enseñanzas herméticas concernientes al proceso de evolución son que EL TODO, habiendo meditado sobre el comienzo de la creación, habiendo establecido así los fundamentos materiales del universo, habiéndolo pensado a la existencia, entonces gradualmente se despierta o levanta de su meditación y al hacerlo así comienza la manifestación del proceso de evolución, sobre los planos material, mental y espiritual, sucesivamente y en orden. Así comienza el movimiento hacia arriba, y todo empieza a moverse en dirección hacia el espíritu.

La materia se vuelve menos grosera; las unidades brotan al ser; las combinaciones empiezan a formarse; la vida aparece y se manifiesta en formas cada vez más elevadas, y la mente se vuelve cada vez más en evidencia, volviéndose más elevadas constantemente las vibraciones. En breve, el proceso entero de evolución, en todas sus fases, comienza, y procede de acuerdo con las leyes establecidas del proceso de «absorción».

Todo esto ocupa eones sobre eones del tiempo del hombre, conteniendo cada Eón incontable millones de años, y sin embargo los iluminados nos informan que la creación entera, incluyendo involución y evolución, de un universo, no es sino «como el parpadeo de un ojo» para EL TODO. Al final de incontables ciclos de eones de tiempo, EL TODO retira su atención -su contemplación y meditación- del universo, pues la gran obra está acabada, y todo es atraído adentro del TODO de donde emergió. Pero misterio de misterios -el espíritu de cada alma no es aniquilado, sino que es infinitamente expansionado-, el creado y el creador se funden. ¡Tal es el dictamen de los iluminados!

La ilustración de arriba de la «meditación», y subsiguiente «despertar de la meditación», del TODO, no es desde luego sino un intento de los instructores por describir el proceso infinito por un ejemplo finito. Y, sin embargo: «Como es abajo, es arriba.» La diferencia es meramente en grado. Y así como EL TODO se levanta de la meditación sobre el universo, así el hombre (con el tiempo) cesa de manifestarse sobre el plano material, y se retira cada vez más adentro del espíritu interno, que es en verdad «el ego divino».

Hay una cuestión más de la que deseamos hablar en esta lección, y ésa viene muy cerca de una invasión del área metafísica de especulación, aunque nuestro propósito es meramente mostrar la futilidad de tal especulación. Aludimos a la cuestión que inevitablemente viene a la mente de todos los pensadores que se han aventurado a buscar la verdad. La cuestión es: «¿POR QUÉ crea universos EL TODO?» La cuestión puede ser preguntada en formas diferentes, pero la de arriba es el grano de la encuesta.

Los hombres se han esforzado duramente por responder a esta pregunta, pero aún no hay ninguna respuesta digna del nombre. Algunos han imaginado que EL TODO tenía algo que ganar con ello, pero esto es absurdo, pues ¿qué podría ganar EL TODO que no poseyera ya? Otros han buscado la respuesta en la idea de que EL TODO «deseaba algo que amar»; y otros que creó por placer o entretenimiento; o porque «estaba solo»; o para manifestar su poder; todas ellas explicaciones e ideas pueriles, pertenecientes al período infantil del pensamiento.

Otros han buscado explicar el misterio asumiendo que EL TODO se encontró «compelido» a crear, en razón de su propia «naturaleza interna» -su «instinto creativo»-. Esta idea está más avanzada que las otras, pero su punto débil recae en la idea de que EL TODO sea «compelido» por algo, interno o externo. Si su «naturaleza interna», o «instinto creativo», lo compelió a hacer algo, entonces la «naturaleza interna» o «instinto creativo» sería el absoluto, en vez del TODO, y por tanto acordemente esa parte de la proposición cae.

Sin embargo, EL TODO crea y manifiesta, y parece encontrar alguna clase de satisfacción en hacerlo así. Y es difícil escapar a la conclusión de que en algún grado infinito debe tener lo que correspondería a una «naturaleza interna», o a un «instinto creativo», en el hombre, con deseo y voluntad correspondientemente infinitos.

No podría actuar a no ser que quisiera actuar; y no querría actuar a no ser que desease actuar; y no desearía actuar a no ser que obtuviese alguna satisfacción por ello. Y todas estas cosas pertenecerían a una «naturaleza interna», y podrían ser postuladas como existiendo de acuerdo con la ley de correspondencia. Pero aún preferimos pensar en EL TODO como actuando enteramente LIBRE de cualquier influencia, interna tanto como externa. Ése es el problema que yace en la raíz de la dificultad -y la dificultad yace en la raíz del problema.

Hablando estrictamente, no podría decirse que hubiese una «razón» cualquiera para que actuase EL TODO, pues una «razón» implica una «causa», y EL TODO está por encima de causa y efecto, excepto cuando quiere convertirse en causa, en cuyo momento el principio se pone en movimiento. Así que, veis, la materia es impensable, igual que EL TODO es incognoscible. Igual que decimos que EL TODO meramente «ES», así estamos compelidos a decir que «EL TODO ACTÚA PORQUE ACTUA».

Al final de todo, EL TODO es toda razón en sí mismo; toda ley en sí mismo; toda acción en sí mismo; y puede decirse, de modo plenamente cierto, que EL TODO es su propia razón, su propia ley, su propio acto; o aún más lejos, que EL TODO, su razón, su acto, su ley son UNO, siendo todos nombres para la misma cosa. En la opinión de aquellos que os están dando las lecciones presentes, la respuesta está encerrada en el SER INTERNO del TODO, junto con su secreto de existencia.

La ley de correspondencia, en nuestra opinión, se extiende sólo hasta ese aspecto del TODO, del que puede hablarse como «el aspecto de DEVENIR». Detrás de ese aspecto está «el aspecto de SER», en el que todas las leyes se pierden en LEY-, todos los principios se funden en PRINCIPIO, y EL TODO, PRINCIPIO y SER, son IDÉNTICOS, UNO Y LO MISMO. Por consiguiente, la especulación metafísica sobre este punto es fútil. Entramos aquí en la cuestión meramente para mostrar que reconocemos la pregunta, y también el absurdo de las respuestas ordinarias de la metafísica y la teología.

En conclusión, puede ser de interés para nuestros estudiantes saber que mientras que algunos de los instructores herméticos, antiguos y modernos, se han inclinado más bien en la dirección de aplicar el principio de correspondencia a la cuestión, con el resultado de la conclusión de la «naturaleza interna»; sin embargo, las leyendas dicen que HERMES el Grande cuando se le preguntó esta cuestión por sus estudiantes avanzados, les respondió PRESIONANDO SUS LABIOS FIRMEMENTE JUNTOS y no diciendo una palabra, indicando que NO HABÍA RESPUESTA.

Pero también podía haber pretendido aplicar el axioma de su filosofía, de que: «Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para los oídos del entendimiento», creyendo que incluso sus estudiantes avanzados no poseían el entendimiento que les titulaba para la enseñanza. En cualquier caso, si Hermes poseyó el secreto, dejó de impartirlo, y hasta donde el mundo está contendido LOS LABIOS DE HERMES ESTÁN CERRADOS respecto a él. Y donde el gran Hermes vaciló en hablar, ¿qué mortal puede osar enseñar?

Pero recordad que cualquiera que sea la respuesta a este problema -si es que en verdad hay una respuesta-«Mientras que todo está en EL TODO, es igualmente cierto que EL TODO está en todo.» La enseñanza en este punto es enfática. permanece la verdad de que: Y podemos añadir las palabras concluyentes de la acotación: «Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido un gran conocimiento.»